Tras la segunda vuelta presidencial celebrada el 21 de junio de 2026, seguidores del candidato del partido oficialista Pacto Histórico, Iván Cepeda, aseguran que la diferencia inferior a 1% a favor de su contrincante, el ultraderechista Abelardo de la Espriella, puede revertirse durante el escrutinio oficial, comparando de forma imprecisa la situación actual con lo ocurrido en las elecciones legislativas de 2022.
En redes se difunden mensajes como: “La diferencia es de 245.000 votos, y hace 4 años se recuperaron 500.000 votos para el Senado”, “No olvidemos que al Pacto le robaron 440.000 votos en 2022. La diferencia actual es de solo 261.00 votos”, y “Si en los últimos escrutinios de Senado y Cámara nos pusimos serios y recuperamos la bobadita de 600.000 votos, ¡cómo nos vamos a dejar ganar el tiro ahora!”.
Entre los usuarios que realizaron las publicaciones aparece la senadora Esmeralda Hernández, de ese partido. Además, están desinformadores recurrentes afines al gobierno de Gustavo Petro, a los que hemos verificado en varias ocasiones, tales como David Rozo Rojas (@DonIzquierdo_), quien ha sido contratista del sistema de medios públicos RTVC, y Uldarico Ramírez Chilito (@UldaricoChilito), exasesor legislativo del hoy presidente de la Agencia de Desarrollo Rural, César Pachón, y excandidato del MAIS a la Asamblea de Boyacá.
En este explicador señalamos los problemas que tiene la equivalencia que proponen estos mensajes. El preconteo es un mecanismo meramente informativo, mientras el escrutinio realizado por jueces y notarios es la única instancia vinculante para declarar al presidente electo. No es una “recuperación” de votos “robados” sino una corrección de fallas, contemplada por el mismo sistema, en contextos muy diferentes que no son comparables entre sí.
El antecedente mencionado por los usuarios es real: tras las elecciones al Senado del 13 de marzo de 2022, la diferencia registrada por la Misión de Observación Electoral (MOE) de la sociedad civil entre preconteo y escrutinio para el Pacto Histórico fue de 577.457 votos (página 61). Esto representó una variación de 3,1% sobre el total de votos que se depositaron en esos comicios.
Como relataron el jurista Manuel Restrepo Medina para Razón Pública y el exmagistrado del Consejo Nacional Electoral (CNE) Armando Novoa García, hubo un aparente error de diseño en los formatos E-14, que registran la votación de cada mesa. Según la auditoría entregada por la propia Registraduría, el problema radicó en el mal diligenciamiento de esas mismas actas por posible falta de capacitación de las personas designadas como jurados.
En esa ocasión, el Pacto Histórico se presentó bajo la modalidad de lista cerrada, por lo que sus electores sólo debían marcar su logo. Así, la casilla que correspondía a la entonces coalición estaba al fondo de su página y difería de los numerosos cajones de las listas con voto preferente (un número aparte para cada candidatura), como la del Partido de La U, que quedó justo arriba.
En consecuencia, explican Restrepo y Novoa en sendos artículos, el logotipo de la colectividad se ubicó en un área apartada del bloque visual primario del E-14. Fue esto lo que aparentemente causó la omisión de la casilla en el diligenciamiento por parte de jurados o que se cometieran errores en la posterior transmisión telefónica de los datos.

Ejemplo citado en la auditoría: mientras el acta de claveros registró 10 votos para el Pacto Histórico, el de delegados usado en el preconteo no contabilizó ninguno.
Alejandra Barrios, directora de la MOE, señaló que estos no eran argumentos suficientes para un desfase de la magnitud que hubo en general para las elecciones de Senado y Cámara, que superó el 5%. En todo caso, los controles propios del escrutinio cumplieron su propósito de corregir precisamente esas fallas.
En todo caso, como se ve, en esa ocasión el formulario era complejo como suele ser para elecciones legislativas: sin fotos de referencia y con cientos de cuadrículas para contar por separado las candidaturas de las listas abiertas. Por otra parte, el desajuste se corrigió en las legislativas de 2026, antecedente más cercano, donde sólo se encontró el 0,28% de variación entre preconteo y escrutinio.
El formato de E-14 para la segunda vuelta presidencial es mucho más simple. El estilo de diligenciado es idéntico para los dos candidatos, a diferencia de lo que sucede en las legislativas con las listas abiertas y cerradas.
El documento diseñado para el 21 de junio contenía únicamente tres grandes recuadros con fotografías nítidas e insignias partidistas: De la Espriella y su fórmula, José Manuel Restrepo, por el grupo significativo Defensores de la Patria; Cepeda y la candidata vicepresidencial correspondiente, Aida Quilcué, por el Pacto Histórico, y los espacios para votos en blanco, nulos y no marcados.

Esta sencillez visual minimiza la posibilidad de error por parte de los jurados de votación, señaladas en 2022 como causa de las diferencias entre preconteo y escrutinio.
Además, al revisar el comportamiento histórico de las segundas vueltas presidenciales, las cifras evidencian que las variaciones entre los boletines rápidos del preconteo y el resultado legal del escrutinio rara vez superan el 0,1%. El antecedente más alto es el de 2010 con 0,13% de diferencia.
Actualmente, la distancia entre De la Espriella y Cepeda se calcula en 250.830 votos, un margen de 0,96% a favor del abogado. Para que las impugnaciones anunciadas por la campaña del senador logren darle la vuelta al resultado, el escrutinio tendría que demostrar fallos sistemáticos que afecten a cerca del 1% del electorado, casi 10 veces más que la corrección habitual en el escrutinio de balotajes.