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Viernes, 02 Julio 2021

Guía para comunicar responsablemente hacia y sobre personas mayores

Por LatamChequea

Generar contenido libre de discriminación y lenguaje viejista, diseñar contenido accesible a los cambios producto del envejecimiento y proveer de oportunidades de protagonismo y empoderamiento son las claves para comunicar responsablemente sobre y hacia las personas mayores. Una guía de LatamChequea.

¿Qué es el lenguaje viejista y por qué es mejor evitarlo?

Tomar conciencia del peso ideológico de los términos nos permite comunicar sobre este grupo etario con responsabilidad, evitando términos peyorativos y discriminación. ¿Cómo nombrar a las personas mayores y las situaciones que atraviesan?

TÉRMINOS RECOMENDADOS:

  • Adultos y adultas mayores. Este término ha sido el más aceptado en las últimas décadas, ya que fue adoptado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de Naciones Unidas (ONU).

  • Persona mayor. Se ha ampliado su uso a partir de la aprobación de la Convención Interamericana Sobre la Protección de las Personas Mayores en 20151. Este término aporta la ventaja de incluir la perspectiva de género. A su vez, se considera un término objetivo, no se encuentra cargado de significados ni valoraciones culturales peyorativas.

  • Vejez y tercera edad. Se utilizan para referirse a la última etapa de la vida y brindan sentido al curso de vida. A partir de la Asamblea Mundial de Envejecimiento y Vejez de Madrid, realizada en 2002, el término vejez se ha expandido y se utiliza comúnmente.

EVITAR O USAR CON RESPONSABILIDAD LOS SIGUIENTES TÉRMINOS: 

  • Jubilado o jubilada. No se considera apropiado referirse a las personas mayores como jubilados o jubiladas, ya que se reduce esta etapa a un rol social específico: el laboral. Se recomienda utilizar este término sólo en el contexto apropiado, por ejemplo: “Proponen entregar un bono compensatorio a los jubilados en diciembre” está contextualizado, pero “Asaltaron y golpearon a un matrimonio de jubilados” no es recomendable.

  • Abuelo o abuela. Estos términos reducen este colectivo a un rol social que es significante por el parentesco con personas más jóvenes. No representan a todas las personas mayores, hay muchas que no tienen nietas ni nietos, además de tener connotaciones paternalistas. Se recomienda utilizar este término contextualizado, por ejemplo: “Un abuelo y su nieto se reencuentran gracias a un festival de cine independiente” es un uso adecuado, pero “Abuelo de 87 años estudia medicina para atender pacientes gratis” no es recomendable.

  • Viejo o vieja. Culturalmente se encuentran cargados de connotaciones peyorativas y se consideran socialmente ofensivos, aunque su uso está condicionado al contexto en el que uno se encuentre. Nuevos paradigmas de la gerontología proponen desmitificar y reivindicar el término viejo/a, aunque en gran parte de la población general el uso de este término sigue generando rechazo.

  • Anciano o anciana. Contienen una carga peyorativa negativa, asociada a la avanzada edad, el deterioro físico y la vulnerabilidad. Sin embargo, de acuerdo al contexto en que se utilice, puede ser aceptada.

Recomendaciones para generar contenido libre de viejismos:

Se llama viejismo o edadismo a la discriminación que se ejerce hacia las personas mayores, el envejecimiento y la vejez. Esta es la etapa vital con mayor heterogeneidad, sin embargo las personas mayores han sido y son subrepresentadas y mal representadas en los medios de comunicación. ¿Cómo hacemos para comunicar de manera responsable sobre y hacia personas mayores?

Librarse de prejuicios y estereotipos. Estos limitan las posibilidades de las personas mayores y hasta generan y promueven el maltrato. Los prejuicios más comunes consisten en relacionar a la vejez con:

  • Enfermedades

  • Impotencia o desinterés en el sexo

  • Fealdad

  • Inutilidad

  • Pobreza

  • Pérdida de memoria, rigidez e imposibilidad de aprender cosas nuevas

  • Soledad

  • Depresión

  • Pensamientos o expresiones como “no pueden aprender cosas nuevas”, “no se adaptan a los cambios” o “se vuelven una carga para la familia” no tienen sustento en la realidad.

El viejismo en los medios puede cobrar diferentes modalidades:

  • Brindar visibilidad a las personas mayores sólo cuando son víctimas de un suceso, reforzando la narrativa de vulnerabilidad, sin ofrecer alternativas.

  • Cuando se utilizan imágenes o fotografías estereotipadas de forma recurrente, que no permiten ver la diversidad del grupo, particularmente cuando se utilizan primordialmente imágenes que demuestran fragilidad

  • Presentar al envejecimiento individual y poblacional como un problema, algo de lo que advertir, combatir, evitar o solucionar. Plantear que la vejez o sus signos requieren una cura, como si la vejez se tratase de una enfermedad.

  • No considerarlos como fuentes directas para consultar información, referentes o protagonistas. Desacreditar sus dichos por su edad.

  • Referirse a la juventud como cualidad cuando las personas mayores se mantienen activas y saludables. Frases como: “a pesar de la edad”, “espíritu joven”, “como si el tiempo no pasara”.

  • Realizar preguntas u observaciones que no se le harían a una persona joven en la misma situación. (Por ejemplo, menospreciar el uso de herramientas digitales masivas o sorprenderse del grado de alfabetización digital).

  • Utilizar lenguaje viejista y paternalista al hablar sobre y hacia las personas mayores.

Diseñar contenido accesible a los cambios producto del envejecimiento.

Es más probable que este grupo etario acceda a información y noticias si estas son visualmente agradables y cuyo contenido sea altamente accesible. En el caso de las redes sociales, se estima que las personas mayores utilizan principalmente Facebook y WhatsApp. ¿Qué deben tener en cuenta los fact-checkers?

  • La mayoría de las personas de más de 60 años utilizarán la aplicación o web desde su celular.

  • El contenido debe contemplar los códigos culturales de las personas mayores. Al hacer referencia a frases e imágenes virales o memes, tener en cuenta si las personas de todas las edades la comprenderán. De usarlos, asegurarse que no modifican el contenido del mensaje.

  • Ser claro y conciso, brindar un mensaje por vez.

  • Poner el foco en la legibilidad. Seleccionar un tamaño de letra accesible y maximizar el contraste. No abusar de las mayúsculas y negritas. Seleccionar tipografías simples de fácil lectura, en lugar de ornamentales.

  • Utilizar la voz activa.

  • Resaltar la identidad de la fuente. Las personas mayores suelen recordar más el contenido del mensaje que su fuente. Incluir sólo el logo en una esquina puede ser fácilmente pasado por alto.

SUGERENCIAS PARA EL DISEÑO:

  • Maximizar el contraste entre fondo y tipografía. El ratio mínimo de contraste para personas mayores es 4.5:1 si se usan tamaños de letra mayores a 14 negrita y 16 estándar y el ideal de ratio de contraste es 7:1.

  • Evitar el uso de colores demasiado cálidos y otoñales (muchas veces son los elegidos para representar la vejez como el “otoño de la vida”)

  • Maximizar el tamaño de la letra (18 pt o más)

  • Reducir la carga de lectura: evitar fuentes demasiado complejas, se recomienda utilizar fuentes como Sans Serif, Arial, Calibri. Evitar abusar de la cursiva o el subrayado e incluir suficiente espacio en blanco entre oraciones y párrafos. Se recomienda utilizar, como mínimo, interlineado 1,5.

  • Las personas mayores pueden no estar tan familiarizadas con neologismos o términos en inglés, se sugiere buscar una alternativa e incluso acompañar con logos (Por ejemplo: si hablamos de YouTube, sumar el logo).

  • Evitar diseños viejistas en las ilustraciones (por ejemplo, representar a las personas mayores con ilustraciones de este tipo y buscar alternativas que abarquen la diversidad de personas que uno conoce a partir de 65 años, como por ejemplo: este, este o este. Es deseable también que el tono de piel varíe).

Contenido que empodere y genere protagonismo, ¿cómo lo podemos lograr?

Generar empoderamiento en la vejez implica ofrecer la posibilidad de ganar poder y control sobre las propias decisiones y los recursos disponibles. Esto implica:

En caso de ser víctimas de desinformación:

  • Ofrecer medios accesibles para realizar denuncias.

  • Fomentar la confianza en sí mismos y brindar recursos técnicos claros para evitar caer en nuevas desinformaciones.

  • Agradecer todo tipo de contacto y reforzar la importancia de su participación activa.

  • Impulsarlos como agentes de cambio que colaboren en la denuncia de noticias aparentemente falsas y la difusión de la problemática con sus pares.

  • Al presentar noticias o información donde se vulneran los derechos de las personas mayores, hablar explícitamente de estos derechos reconocidos y difundir la existencia de los mismos.

  • Ante noticias que traten sobre situaciones de abuso, maltrato o discriminación indicar los medios por los cuales personas mayores en la misma situación pueden obtener ayuda o denunciar.

  • Promover una imagen positiva sobre la vejez.

Generar protagonismo

  • Brindar voz a las personas mayores, incluir testimonios en primera persona.

  • Visibilizar voces diversas, con diferentes narrativas sobre la vejez y el envejecimiento.

  • Promover el periodismo ciudadano en esta franja etaria.

  • Llevar adelante oportunidades de formación en alfabetización mediática e

    informacional. 

¿Por qué una guía para comunicar sobre y hacia las personas mayores?

  • Porque el envejecimiento poblacional, es decir el aumento en la proporción de personas mayores de 60 años, ha hecho que las necesidades de este grupo se visibilicen.

  • Porque el acceso a la información de manera igualitaria es un derecho de las personas mayores reconocido por la Organización de Estados Americanos (OEA).

  • Porque estudios han demostrado que las personas mayores son el grupo etario que más desinformación comparte.

  • Porque las personas mayores constituyen uno de los grupos de riesgo en la actual pandemia de Covid-19.

  • Porque para combatir la desinformación es necesario generar contenido accesible a lo largo del curso de vida.

Una comunicación para todas las edades debe incluir al colectivo de personas mayores. Un colectivo que crece en número, en nivel de participación, en usuarios en redes sociales e internet, pero también en vulnerabilidades y necesidad de visibilización.

Para combatir la desinformación en personas mayores se precisa, en primer lugar, pensar en este colectivo como destinatario, lograr que puedan sentirse escuchados, incluídos y relevantes. Para lograr que este colectivo se involucre y busque activamente fuentes confiables, debe poder percibir que las organizaciones y agentes que luchan contra la desinformación se comunican con ellos y sobre ellos con base en datos y no a estereotipos y prejuicios.


Esta guía fue realizada por Chequeado y LatamChequea. Si quieres descargarla, ver los ejemplos y las fuentes de información usadas, puedes hacerlo aquí.

Martes, 22 Junio 2021

Experimentos explican por qué los vídeos de personas supuestamente magnéticas tras vacunarse no tienen base científica

Por Maldita Ciencia

Maldita.es obtuvo cuatro videos con experimentos que explican por qué es imposible que las vacunas del COVID-19 dejen el brazo imantado.

Durante las últimas semanas se están moviendo por WhatsApp y redes sociales diferentes vídeos en los que supuestamente vemos gente que en teoría ha recibido la vacuna contra la COVID-19, cómo un imán (u otro objeto metálico) se ‘pega’ en la zona del brazo que ha recibido el pinchazo. En estos vídeos se asegura que las vacunas llevan "metales pesados" y que son capaces de transmitir "capacidades magnéticas". Como ya explicamos Maldita.es y Colombiacheck, se trata de una desinformación.

Alberto Nájera, profesor de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Castilla-La Mancha y vocal del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS), es contundente al respecto: “No, una cuchara que se pega en el brazo no demuestra absolutamente nada en relación al electromagnetismo”. Para demostrarlo, ha realizado y grabado cuatro experimentos con imanes y diferentes metales y pequeños objetos. 

¿Estamos midiendo lo que queremos medir?

Como explica Nájera a Maldita.es, “la clave en las investigaciones, en general, es que siempre se debe garantizar que se esté ‘midiendo’ o ‘viendo’ lo que realmente se quiere medir o ver”. 

“Lo más probable es que, en los casos señalados en los vídeos, estos se adhieran a la piel por efecto de la humedad, de la grasa, de la posición... La gente cree estar midiendo un campo magnético cuando, en realidad, no lo están haciendo”, afirma. Añade que, en el caso que nos ocupa, para evitar sesgos o elementos que pudiesen interferir en el experimento, la piel debería estar limpia, seca, con polvo de talco.

Según el experto, es imprescindible ser conscientes de que nuestros sentidos no suelen ser un argumento suficiente: “No son fiables. De ahí la importancia de los diseños experimentales, de la revisión por pares y, sobre todo, de la cultura científica en la sociedad para que no nos dejemos engañar ni por nuestros sentidos ni, en este caso, por un vídeo viral". 

¿Cómo se puede comprobar si estamos o no ante un imán? 

Para ‘demostrar’ que el contenido de los vídeos que circulan en redes no es científicamente posible y que una vacuna no tiene la capacidad de hacernos ‘magnéticos’, Nájera propone cuatro sencillos experimentos caseros que muestran qué sucede realmente entre un imán y diferentes tipos de metal. 

Para el primero, el experto utiliza brújulas. Desde el siglo XI, el ser humano ha usado estas herramientas baratas, sencillas y precisas para orientarse ya que, gracias a una aguja imantada capaz de detectar el campo magnético terrestre, apuntan siempre al polo norte geográfico. 

Ahora bien, Nájera recuerda que un imán normal “genera un campo magnético cientos de veces más intenso que el campo magnético terrestre”. Es por ello por lo que utilizar una brújula sería la mejor manera de detectar esas supuestas capacidades magnéticas de los vacunados. “Pero no, no hemos visto ningún vídeo en el que se acerque una brújula a una persona que supuestamente haya recibido la vacuna y se observe cómo la aguja de una brújula baila, se mueve o se reorienta”, como se observa en el vídeo que proponemos a continuación.

Una de las características comunes de los vídeos de las desinformaciones es la aparición de objetos metálicos que se adhieren a la piel. Si prestamos atención, podemos comprobar que todos ellos son similares: superficies lisas y amplias. “En contacto con una piel húmeda o grasienta, estas superficies se adherirán temporalmente. Eso sí, no hay vídeos en los que estos objetos se queden pegados en una piel con vello o a través de un papel”, adelanta el experto. 

Si el supuesto campo magnético creado por la vacuna fuese tan intenso como para sujetar una cuchara o una chapa de metal, también debería ser capaz de hacerlo a través de un folio o de una tela fina, entre otros materiales. Pero no, este efecto tampoco se muestra en los vídeos virales. 

Hay más: en el vídeo que puedes encontrar bajo este párrafo, Nájera muestra cómo el campo magnético creado por un imán 'se manifiesta a distancia'. Es la causa por la que, si se acerca una cadena de clips, estos se aproximan a él. “No he visto ningún vídeo en el que se muestre esta capacidad ‘a distancia’. Siempre se presiona el objeto sobre la piel para que se quede pegado por ese efecto de succión o adherencia por la humedad o la grasa. [Si la teoría propuesta fuese cierta], sí que se vería ese ‘efecto a distancia’ del cuerpo atrayendo objetos de metal ligeros (una cadena, por ejemplo)”.

En un tercer experimento, Nájera muestra cómo se comportan diferentes materiales (cobre, zinc, aluminio y hierro) frente a un imán, ya que no todos los metales se ven atraídos por ellos. “En los vídeos virales, todas esas planchas metálicas se ‘pegarían’ a la piel cuando, en la práctica, no todas se verían atraídas por los imanes”, explica el experto. 

A continuación invita a reflexionar sobre otra de las características de este tipo de imágenes: en ninguna se comprueba que la cuchara (o el objeto) que se pega al brazo realmente sea atraída por un imán real. Es decir, no pueden asegurar que el material del que está hecha la cuchara (o el objeto metálico) fuese físicamente susceptible de ser atraído.

Nájera muestra esto con un último experimento en el que utiliza cuatro cucharas de diferentes combinaciones de metales. “Por sus aleaciones, el contenido en hierro o metales que pueden ser atraídos por los imanes es bajo. De ahí que sólo una de las cuatro se ‘pegue’ al imán”, explica el experto.

Por qué sería imposible que una vacuna lograra que se nos pegaran imanes en la piel: la cantidad inyectada sería demasiado pequeña para tener ese efecto

Gabriel Alfranca Ramón, doctor en nanobiomedicina e investigador del CSIC y maldito que nos ha prestado sus superpoderes y Yilian Fernández-Afonso, investigadora del Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón (ICMA), han realizado una prueba con nanopartículas magnéticas e imanes para demostrar la imposibilidad de que una vacuna lograse que se nos pegasen imanes en la piel. La razón, como ya explicamos en Maldita.es, es que la cantidad inyectada sería demasiado pequeña para tener ese efecto.

En este pequeño experimento, prueban a diluir las nanopartículas magnéticas en agua desionizada, que evita que las sales del agua “hagan que las nanopartículas se desestabilicen”, según explica Alfranca. En cada tubo, van añadiendo cada vez menos concentración de nanopartículas magnéticas y más agua.

Como podemos observar en el vídeo, la cantidad de nanopartículas magnéticas que se necesitan para sujetar un imán es mayor de lo que podría inyectarse en una vacuna y, además, el líquido no es transparente.

Este artículo es una colaboración mensual entre Maldita Ciencia y el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud y que Colombiacheck retoma en el marco de la alianza LatamChequea.