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Cuestionable
“No entiendo algo, en Colombia hay un #Temblor de 7.4 y pareciera que no pasó la gran cosa, y en Venezuela hay uno de 7.5 y se destruye toda una ciudad y parte de otra. Esas escalas no me terminan de cuadrar. Según los daños causados, el #Terremoto de La Guaira debió ser de 9.8”, publicó el usuario Edgar Guardia (@edgarJGDiaz) a las 8:48 a.m. del 10 de agosto. El trino cuestionable ya supera las 337.000 visualizaciones.
La magnitud de un terremoto no determina por sí sola el nivel de destrucción. Aunque la magnitud en Colombia fue similar a la de los dos eventos en Venezuela, existen otros factores clave como la profundidad, el origen de los sismos y la vulnerabilidad de las construcciones.
El temblor en Colombia registrado el 10 de agosto a las 7:34 a.m., con epicentro San José del Palmar, Chocó, tuvo una magnitud de 7.4 y una profundidad de aproximadamente 103 kilómetros, según el Servicio Geológico Colombiano. En cambio, los sismos del 24 de junio en Venezuela de magnitud de 7,2 y 7,5 fueron muy superficiales: ocurrieron a 22 y 10 kilómetros de profundidad, con solo 39 segundos de diferencia, según el Servicio Geológico de los Estados Unidos.
Los geólogos Judith A. Hubbard y Kyle Bradley explican en el artículo “Terremoto mortal de magnitud 7,4 sacude el subsuelo de Colombia” que “los terremotos profundos suelen producir un patrón de vibración característico, con la mayor intensidad concentrada cerca del epicentro y disminuyendo gradualmente con la distancia. La mayor intensidad de la vibración es mucho menor que la que produciría un terremoto superficial de la misma magnitud, pero también se extiende sobre un área mayor”.
La cuenta especializada USGS Earthquakes señaló que “los terremotos de profundidad intermedia, interplaca, son menos peligrosos que los terremotos superficiales de la misma magnitud porque la ruptura de la falla está más lejos de la superficie terrestre. Pero estas fallas también se rompen de una manera que libera energía a frecuencias que son dañinas para los edificios”.
Por su parte, Sergio Barrientos, director del Centro Sismológico Nacional (CSN) de la Universidad de Chile, le dijo a El País América, que el terremoto de Venezuela fue muy superficial, lo que hace que los sitios de interés estén muy cerca de la fuente sísmica. “Al activarse la falla, se generan ondas que se atenúan a medida que se alejan; es como la luz de una vela: cuanto más lejos se está, más tenue se ve”, explicó.
El origen tectónico de los dos terremotos también es diferente. El sismo colombiano ocurrió en el Pacífico, mientras que los eventos venezolanos se produjeron en la zona del Caribe.
El Servicio Geológico Colombiano precisó que el sismo en Colombia fue producto de la subducción (o hundimiento) de la placa de Nazca bajo la Sudamericana a más de 100 metros de profundidad, mientras que los ocurridos en Venezuela se asocian a “la interacción de cizalla de la placa Caribe con la Sudamericana, que implica un movimiento lateral (transcurrente) de una con respecto a la otra”.
Eduardo Malagnino, doctor en Ciencias Geológicas, le explicó a El Clarín, que la subducción hace que se empiece una fricción importante en la placa oceánica, “se empieza a acumular energía elástica, hasta que se vence la resistencia que tiene la roca y ahí se produce el sismo”.
Este tipo de sismos, por lo general, son más profundos. Y aclaró que “el nivel de destrucción que pueda alcanzar va a depender mucho de la característica que tenga la urbanización, la edificación, por ejemplo, en los sitios donde se produce este tipo de sismicidad”.
Además, advirtió que la profundidad aligera la intensidad con la que el sismo impacta finalmente en la superficie. Mientras más profundos, más pérdida de energía hasta llegar a la superficie.
En el caso de Venezuela, Malagnino explicó que los sismos ocurrieron por otro proceso. “La Placa del Caribe tiene parte de fondo oceánico y parte de fondo continental, y está del lado del Océano Atlántico. Está en contacto con una falla de desplazamiento lateral llamada Falla de Boconó, en movimiento con la placa continental sudamericana. La relación que tiene hace que cuando se mueva una con respecto a la otra se acumule energía elástica en la zona de la falla hasta que se vence la fricción, se produce el sismo. Eso pasó en Venezuela”.
Los severos daños ocurridos en Venezuela, sobre todo en La Guaira, responden también a las características del suelo.
Aunque el epicentro de los terremotos en el vecino país estuvo entre las ciudades de Yumare y Montalbán, en los estados de Yaracuy y Carabobo, respectivamente, la más dañada fue La Guaira, que en 1999 ya había sido golpeada por un deslave, conocido como la tragedia de Vargas.
Según El País América, Virginia Jiménez Díaz, geógrafa de la Universidad Central de Venezuela (UCV), advertía en una entrevista en 2019 con el medio La Gran Aldea que esta ciudad estaba en la misma situación de riesgo que hace dos décadas debido a las construcciones sobre quebradas, laderas o terrenos inestables. “Esto ocurre porque la institución es débil. La construcción de la vulnerabilidad tiene mucho que ver con la ineficiencia del Estado”, señaló Jiménez.
Expertos como Daniel Ruiz, director del doctorado en Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana, y Luis Caballero, ingeniero y experto en sismos de la Universidad de La Sabana, le dijeron a El Tiempo que en Colombia el cumplimiento del Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente o NSR-10 es fundamental para reducir el riesgo de colapso de las edificaciones y la pérdida de vidas.
El Reglamento NSR-10 fue expedido mediante el Decreto 926 de 2010 y establece los criterios y requisitos mínimos para el diseño, construcción y supervisión técnica de las edificaciones nuevas, con el fin de que resistan fuerzas sísmicas y otras impuestas por la naturaleza. Igualmente, los parámetros para la adición, modificación y remodelación del sistema estructural de edificaciones construidas antes de la vigencia de esta ley. La expedición de este reglamento obedece a que el 87% de la población colombiana habita en zonas de amenaza sísmica alta e intermedia.
Para Ruiz, mantener los niveles de amenaza sísmica contemplados en esta normativa es fundamental para la seguridad de las construcciones.
Por su parte, Caballero advirtió que la seguridad de las edificaciones no debe limitarse a la existencia de una norma técnicamente sólida, sino que el reto está en garantizar que se cumpla.
Decir que en Colombia “no pasó la gran cosa” también es cuestionable. En las primeras horas es imposible dimensionar el impacto total del terremoto, sobre todo por las afectaciones en vías y la suspensión de los servicios de energía, telefonía e internet, que dificultan la evaluación de los daños.
El balance preliminar entregado al mediodía del lunes por el presidente Abelardo de la Espriella reportó 111 personas fallecidas, 87 heridos, 1.575 viviendas averiadas, 37 viviendas completamente destruidas, 61 edificios colapsados, 18 centros de salud averiados, 52 centros educativos averiados, 18 vías averiadas y seis aeropuertos afectados en su infraestructura. Estas cifras ha ido aumentando con el pasar de las horas. Las zonas más afectadas son Chocó, Risaralda, Caldas, Valle del Cauca y Quindío.