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Jueves, 11 Julio 2019

La verdad sobre la carta de ‘Tirofijo’ al presidente Valencia

Por José Felipe Sarmiento

El fundador de las Farc, ‘Manuel Marulanda’, sí le escribió al mandatario en 1964. Pero fue durante la Operación Marquetalia, no antes, y no ofreció entregar las armas de forma explícita.

La cuenta de Twitter @EsMemorable, que se dedica a compartir contenido histórico, publicó un mensaje en el que asegura que “en 1964, ‘Tirofijo’ y 30 campesinos ofrecieron entregar las armas al presidente [Guillermo León] Valencia (...) a cambio de una escuela, un centro de salud y un camino vecinal para sacar las cosechas a la carretera” y que, ante esto, la “respuesta” del Gobierno “fue atacarlos en Marquetalia”, vereda de Planadas, Tolima.

Captura de pantalla del tuit cuestionable sobre la carta de Tirofijo a Valencia

Un lector le pidió a Colombiacheck revisar si es verdad que Pedro Antonio Marín, líder de las Farc conocido con los alias de ‘Manuel Marulanda Vélez’ y ‘Tirofijo’, envió esa propuesta y si el gobierno de Valencia respondió con el famoso ataque a Marquetalia.

Aunque la carta sí existe, no dice nada sobre entregar las armas. Por otro lado, el mandatario no ordenó el ataque en respuesta a la misiva, pues esta fue escrita con la acción militar ya en marcha y entregada casi un mes después.

El ataque a Marquetalia

La Operación Marquetalia o Soberanía comenzó oficialmente el 18 de mayo de 1964, ordenada por el presidente Valencia. Se trató de una intervención por la fuerza en la más famosa de las “repúblicas independientes” que había denunciado el senador conservador Álvaro Gómez Hurtado tres años antes: comunidades de campesinos armados en 16 puntos del país, remanentes de la Violencia y la amnistía otorgada por el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla.

Las fuentes difieren sobre el tamaño de las tropas, apoyadas por Estados Unidos. Varía de 1.200 a 16.000 hombres entre una versión y otra.

Del otro lado, según los relatos guerrilleros, estaban ‘Marulanda’ y 30 personas. Documentos desclasificados en los Archivos Nacionales de Washington, que reveló la revista Semana en 1999, concuerdan con esa versión, matizada por una capacidad de convocatoria para 200 combatientes más. El Departamento Administrativo de Seguridad reportaba, semanas antes, que eran al menos 400 efectivos armados y 800 con el personal de apoyo.

Informe de inteligencia del DAS al Gobierno sobre Marquetalia

Las consecuencias de ese ataque, que duró tres meses, todavía son materia de debate.

El origen de las Farc

Esa ofensiva del Ejército pasó a ser el mito fundacional de la antigua guerrilla de las Farc, hoy convertidas en el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, que la concebían “como una agresión del Estado contra la población campesina, hecho que precipitó el tránsito hacia su definición como organización guerrillera”. Así lo recuerda el informe ¡Basta ya! del Centro Nacional de Memoria Histórica.

“De manera contraria, en el discurso de algunos de los generales que participaron en la operación, el ataque a Marquetalia fue posterior a la ofensiva y a la reactivación de la lucha guerrillera de este grupo, que ya habría iniciado en 1963”, contrasta en seguida el documento publicado en 2013.

La misma discusión se aprecia en el informe que la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, conformada por 14 académicos, le entregó a la mesa de diálogos de La Habana en 2015. Un relator, Eduardo Pizarro Leongómez, recuerda que el Partido Comunista Colombiano había aprobado la utilización de “todas las formas de lucha” desde 1960 y señala como “indudable la continuidad” entre sus guerrillas y las Farc. El otro, Víctor Manuel Moncayo, reconoce esa relación pero le da más valor a los acontecimientos del 64 como hitos en el origen de ese grupo armado.

Mientras seis de los comisionados ni siquiera mencionan la vereda en sus ensayos, otros como Sergio de Zubiría Samper, Jairo Estrada Álvarez y el padre Javier Giraldo Moreno plantean que lo sucedido allí fue determinante en la génesis de la guerra. El sacerdote jesuita, por ejemplo, toma como referencia la proclama del 20 de julio de 1964 en la que se dio el anuncio definitivo del alzamiento armado en la región, tras la operación militar en cuestión.

Daniel Pécaut, más moderado, asegura que el ataque significó “un giro importante” en la historia. Lo considera “el punto de partida del relato heroico que Manuel Marulanda y Jacobo Arenas, ambos líderes, van a escribir y que se va a convertir en el breviario de sus reclutas”. Con esta versión, que califica como “casi oficial”, también sitúa el origen del conflicto armado en 1964.

Para María Emma Wills, Marquetalia fue una motivación del “proceso organizativo armado” de las autodefensas campesinas comunistas que terminarían convertidas en las Farc. Estas, según la comisionada, “elaboraron una memoria que puso el énfasis en los excesos militares y que reforzó la imagen de unas Fuerzas Armadas monolíticas –enemigas absolutas de los comunistas y de los campesinos, e instrumento de los intereses norteamericanos—”, pese a las divisiones que había en el Ejército de la época.

Pero el ensayo para La Habana que dedica más extensión a los hechos que rodearon esa operación es el de Alfredo Molano Bravo, ahora miembro de la Comisión de la Verdad. Él considera que el conflicto armado nació en 1948 y la toma señala, en palabras de ‘Arenas’, el paso “de la resistencia a la guerra guerrillera auténtica”. Recuerda que ‘Marulanda’ y sus compañeros nunca dejaron las armas que habían empuñado en la Violencia aunque, a finales de los 50, alcanzaron a trabajar en obras para sus comunidades con el gobierno de Alberto Lleras Camargo.

“En 1957, los grupos armados de orientación comunista decidieron suspender la acción guerrillera pero conservaron las armas, en previsión de posibles ataques del gobierno o de otros grupos. (...) En el sur del Tolima, orientados por Pedro Antonio Marín, ‘Tirofijo’, tuvieron confrontaciones abiertas con autoridades y otros grupos armados”, relata Jorge Orlando Melo en su Historia mínima de Colombia (El Colegio de México y Turner, 2017). El autor resalta que el ataque a Marquetalia se había aplazado desde 1962 y califica su ejecución como “contraproducente”, porque impulsó a los defensores de la lucha armada.

Los hechos en los que hay acuerdo son que las Farc nacieron como tales después de Marquetalia (asumieron ese nombre en 1966), pero sus primeros líderes estaban armados desde mucho antes y ambas partes habían ejecutado acciones violentas previas a esa operación militar. Lo que revisó Colombiacheck, dentro de todo ese cuadro, fue un hecho específico: la existencia de la carta y su relación con el histórico ataque ordenado en el gobierno de Valencia.

Referencias

El historiador Arturo Alape menciona el documento en su libro Las vidas de Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo (Planeta, 2004). En boca de ‘Jacobo Arenas’, otro líder de las Farc, cuenta que en 1964 les enviaron cartas abiertas a instituciones y personalidades para pedir que intervinieran en contra de la operación, pues el plan se había filtrado desde abril, según el diario del jefe guerrillero, y el rumor había llegado a los medios de comunicación por declaraciones de oficiales de alto rango en las Fuerzas Militares.

“Nos dirigimos a todo el mundo, tocamos todas las puertas, al gobierno, a sus ministros, denunciando la agresión del ejército contra una región agraria, que hasta ese momento, la verdad histórica, era defendida por un grupo de autodefensa”, relata en la página 323 de la obra de Alape.

Tanto el historiador como ‘Arenas’ citan una carta dirigida por la comunidad, liderada por ‘Tirofijo’, al presidente Valencia. “Sabe que nuestro ‘delito’ para ganarnos las iras de la oligarquía y de los altos mandos militares que la locura de vuestra excelencia estimula, reside en nuestra oposición al sistema bipartidista paritario del ‘frente nacional’ (sic) oligárquico, que consideramos antidemocrático y antinacional”, decía la misiva.

Este fragmento también aparece en una crónica de Molano Bravo para el diario El Espectador en 2014. En ese periódico se ha contado la historia de esta carta más de una vez. Una nota de Jaime Flórez Suárez daba mayores detalles en 2015. Entre otros, menciona que la carta tenía 16 firmantes, incluido ‘Marulanda’, que pedían “la apertura de carreteras y caminos vecinales” para Marquetalia. El periodista interpreta que lo ofrecían a cambio de dejar las armas, pero no presenta una cita literal que lo compruebe.

La historia de esta correspondencia es consistente con la que siempre ha escuchado la senadora Griselda Lobo, más conocida como ‘Sandra Ramírez’. La congresista de la Farc fue la última pareja de Marín, fallecido en 2008, y hoy replica la versión de los hechos que él le dio. “Lo que nos relataban es que no solo le escribieron al presidente sino a la Iglesia y a todo aquél que se les atravesó para tratar de evitar la operación”, recuerda.

Motivados o no por esos escritos, al presidente sí le llegaron reclamos de diferentes sectores por la intención de atacar Marquetalia.

Por el lado del clero, monseñor Germán Guzmán Campos y los sacerdotes Gustavo Pérez Ramírez y Camilo Torres Restrepo (el mismo que luego se uniría al ELN) quisieron prestar sus buenos oficios para acercar a las partes, pero el cardenal Luis Concha Córdoba les negó la autorización. Con la Iglesia fuera de la comisión por el diálogo, también renunciaron los demás integrantes, que eran académicos destacados y políticos liberales: Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna y Gerardo Molina. Las noticias sobre fallida delegación, tomadas de la prensa de entonces, aparecen en las biografías de sus protagonistas y en el libro de Alape sobre ‘Tirofijo’.

En el Archivo General de la Nación reposan otros pronunciamientos dirigidos al Gobierno en los que grupos de mujeres, sindicatos y otras organizaciones sociales de todo el país les pedían a Valencia y sus ministros reconsiderar sus planes militares contra Marquetalia, de los que se habían enterado por los periódicos. “Si el Gobierno Nacional está interesado por la verdadera PAZ, el progreso económico, social y cultura para los Colombianos, debe impedir por todos los medios que Mrquetalia sea arrazados sus moradores y sus plantaciones” (sic), decía una comunicación que el jefe de Estado recibió el 13 de mayo de 24 “jóvenes de distintas corrientes políticas y pertenecientes a diferentes ramas del trabajo”.

Diversos documentos dirigidos al gobierno Valencia en rechazo a la Operación Marquetalia

Pero las correspondencia viajaba lento. Algunos de esos documentos llegaron al Palacio de San Carlos, la sede presidencial de la época, cuando la operación contra Marquetalia ya estaba en curso. Tatiana Acevedo cuenta, en un artículo publicado por El Espectador en 2010, que el caso de la carta firmada por ‘Marulanda’ y compañía fue similar. La radicación es del 17 de junio de 1964, un mes después de que comenzó el ataque. Pero hay algo más: según la nota, la fecha del envío es el 27 de mayo, también posterior al inicio de la ofensiva.

El libro de Alape y el diario de ‘Arenas’ ubican el primer combate directo entre las partes el mismo 27 de mayo. Acevedo incluso menciona, entre las muchas quejas expresadas en la misiva, la inquietud por el cerco militar. Esto quiere decir que ‘Tirofijo’ y los marquetalianos respondieron al ataque con la carta; no fue Valencia quien les contestó con las acciones militares, como dice el trino. La comunicación original confirma esta conclusión, pese a una diferencia de tiempo con los datos de El Espectador.

Carta abierta

Colombiacheck encontró la Carta abierta de los colonos y campesinos de Marquetalia al presidente, doctor Guillermo León Valencia en cinco hojas ligeramente arrugadas y de bordes amarillentos que corresponden a los folios 48 a 52, de los 119 que contiene la carpeta 1 de la caja 150, en la que el Archivo General de la Nación guarda la correspondencia sobre orden público del despacho de la Presidencia de la República de 1964.

El encabezado de Marquetalia, sur del Tolima, dice que fue escrita el 20 de mayo de ese año, no el 27. En todo caso, el ataque ya estaba en marcha. Desde la primera página, ‘Marulanda’ y los demás firmantes, que en realidad eran cerca de 300, recuerdan que “el 18 del presente, los altos mandos militares anunciaron oficialmente que este día había comenzado la invasión militar contra nuestra región” y se quejan de que “las [escuelas] que había producto del esfuerzo colectivo de las gentes de aquí, ya fueron suprimidas por el Ejército para convertirlas en cuarteles”.

Además, la carta se tardó casi un mes en llegar a su destino. El sello de radicación ante el despacho del presidente con el número 49025 sí es del 17 de junio, como lo había contado Acevedo.

En la tercera hoja está la ya citada frase que aparece en los textos de Alape, ‘Arenas’ y Molano sobre la oposición de la comunidad de Marquetalia al Frente Nacional. Después de un largo recuento de los problemas de la zona y su versión de los historia violenta de Colombia desde 1946, en el penúltimo párrafo enumeran sus exigencias. Estas coinciden con las peticiones resumidas por los artículos de El Espectador, pero no se limitan a ellas:

“Exigimos del gobierno el inmediato retiro de todas las fuerzas oficiales de la región (...), restaurar el principio de autoridad y las facultades de administración a los poderes departamentales del Huila, Tolima, Valle y Cauca (...), pedimos el restablecimiento de las escuelas ocupadas hoy por las fuerzas militares, la apertura de carreteras, caminos vesinales (sic), puestos de salud, restablecimiento bajo garantía para el gremio de arriería de sus derechos de profesión (...), devolución inmediata de los bienes de campesinos y colonos usurpados por las fuerzas militares reaccionarias y juicios sumarios públicos, contra los militares aquí denunciados”.

En la carta no hay, sin embargo, ofrecimiento alguno de entrega o siquiera dejación de armas a cambio. Por el contrario y aunque afirman son “enemigos de la violencia, repudiamos la violencia, y luchamos contra la violencia”, le advierten al presidente “que sabremos cobrar caro la vida de nuestros dirigentes y cada colono, campesino o indígena que sea víctima de la nueva agresión a Marquetalia” y cierran declarándose “dispuestos a morir peleando”.

Carta de Tirofijo y otros líderes de Marquetalia al presidente Valencia

Así, el trino es cuestionable porque la carta existió pero fue una respuesta al anuncio oficial de que había empezado la Operación Marquetalia y no al revés. Antes del ataque, los llamados al Gobierno para que reconsiderara sus planes fueron hechos por terceros intermediarios o independientes. Además, las peticiones que cita la cuenta son ciertas, pero no están planteadas para “entregar las armas”; en cambio, ‘Marulanda’ y las 15 personas que firman a su lado reivindican su lucha armada ante la ofensiva ya inminente.

[Actualización el 8 de agosto de 2019]

El historiador Robert Karl, miembro del Instituto para Estudios Avanzados en la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de Manchester, le escribió a Colombiacheck el pasado 6 de agosto a través de Twitter con una corrección sobre el número de firmantes de la carta. “No fue firmada por 16 personas, sino por más de 300”, señaló el académico, doctorado en Harvard con una tesis sobre la violencia y la formación del Estado en Colombia en ese periodo.

Tras contactarlo por correo, Karl envió fotografías de las ocho páginas de firmas, incluida la última hoja de la carta, donde está la rúbrica de ‘Marulanda’. Las últimas siete no están con el documento consultado para esta nota en el Archivo General de la Nación. El historiador tuvo acceso a ellas en 2007, cuando todavía estaban guardadas en Presidencia.

Firmas que acompañaban la carta de Marquetalia al presidente Valencia

Este dato fue corregido en el texto, pero no cambia la calificación del chequeo.
 

Martes, 09 Mayo 2017

Farc: de acusador a acusado en el tema de armas y caletas

Por Óscar Felipe Agudelo B.

“Asalto del 26 de marzo a caleta de armas en Putumayo ordenado por mindefensa Villegas sin informar a ONU y Farc, viola protocolos firmados”, denunció Iván Márquez, miembro de las Farc. Su aseveración resulta falaz porque la guerrilla no cumplió en su momento con su parte: dar información sobre sus caletas.

El 20 de abril el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, anunció a la opinión pública que el Ejército Nacional había encontrado en Putumayo y Nariño unas caletas con armas de la guerrilla de las Farc. La primera fue encontrada y destruida en el departamento de Nariño y, dos semanas después (el 27 de marzo), se destruyó la de Putumayo.

Ante el hecho en Putumayo, Luciano Marín, conocido en las Farc como Iván Márquez, trinó ese mismo día en su cuenta de Twitter que la operación militar había violado los protocolos de dejación de armas firmados por Gobierno y Farc con motivo del Acuerdo Final de paz pactado en La Habana.

 

 

Tal señalamiento llamó la atención de Colombiacheck y decidimos comprobar si en realidad la operación militar se constituyó una violación a lo acordado, una especie de falso positivo como entre líneas lo manifestó Timochenko o Rodrigo Londoño Echeverri, su nombre de pila.

 

 

 

 

¿Qué dice el acuerdo frente al tema de las armas?

Frente al tema de las armas de las Farc hay que hacer una aclaración. El Acuerdo Final diferenció dos tipos de armas en su página 222 (Protocolo para la Dejación de las Armas), armas individuales y armamento inestable.

Las armas de tipo individual son aquellas con las que los guerrilleros ingresaron a las Zonas Veredales Transitorias de Normalización que los colombianos vimos a través de noticieros, cuando cada guerrillero que entraba a la zona veredal pasaba con su fusil al hombro.

Estas armas son las que debían dejar las Farc antes del 1 de mayo (día D + 150) y que la Misión de Monitoreo y Verificación de la ONU, MMV, guardaría en unos contenedores para fundirlas y realizar unos monumentos. Estas son las mismas armas que las Farc debían dejar por medio del cronograma fijado. El primer 30% de ellas en el día D + 90, otro 30% en el D + 120 y el restante 40% en el D + 150, que se cumplió el pasado lunes festivo.

Según la versión dada a los medios por Jean Arnault, jefe de la misión de la ONU en Colombia, el número de armas que dejaría las Farc y que quedaría en poder del MMV, sería de 7.000 y no de 14.000 como en una ocasión y erradamente anunció el presidente Juan Manuel Santos y Colombiacheck desmintió en este chequeo.

Pues bien, de esas 7.000 armas hasta la fecha solo han sido dejadas en manos de la ONU un total de 1.140 armas, así lo explicamos en la verificación que titulamos: Incertidumbre por cifra de armas que dejarán las Farc.

Teniendo claro cómo es el procedimiento para la dejación de armas de tipo individual, revisamos cómo es el asunto con el otro tipo de armas, las inestables.

Este tipo de armas son denominadas inestables porque su exterior está deteriorado, con rajaduras, abolladuras, hundimientos y oxidación. Lo inestable también corresponde a material explosivo envejecido que perdió algunas de sus propiedades por el fenómeno de exudación, así como por cualquier otro signo que permita determinar que su transporte pueda resultar peligroso. En el grupo de inestables también están las armas y explosivos de fabricación o insumos artesanales.

Todas las características anteriores las tomamos literalmente de la página 222 del Acuerdo Final de paz. En esa misma página, las Farc se comprometió a darle la información de las caletas con armas inestables al MMV el día D + 10, es decir, el 10 de diciembre de 2016.

En síntesis, todas las armas que entraron los guerrilleros a las Zonas Veredales debían ser dejadas al MMV de manera escalonada desde el día D + 90 (28 de febrero de 2017) hasta el día D + 150 (1 de mayo de 2017).

Por otra parte, según lo pactado en La Habana, las Farc debía entregar las coordenadas de las caletas con material o armas inestables el 10 de diciembre de 2016, pero esto tampoco se cumplió.

¿El operativo del Ejército violó los protocolos de dejación de armas?

Sobre este cuestionamiento Colombiacheck preguntó al MMV y a las propias Farc pero nunca tuvo respuesta. Al MMV enviamos un derecho de petición pero hasta la fecha no han dado respuesta.

Sin embargo, el 21 de abril Julián Gallo Cubillos conocido en las Farc como Carlos Antonio Lozada, quien lidera el tema de la dejación de armas, habló para la emisora RCN Radio y aclaró un tema fundamental: La fecha en la que las Farc dio información de las 949 caletas al MMV.

“La semana pasada tuvimos una reunión en la cual nosotros entregamos una cifra al componente internacional del mecanismo (MMV) en la que especifica claramente la cantidad de depósitos que tenemos. Son exactamente 949 depósitos. Entre depósitos de explosivos y depósitos de armamento”, dijo el exguerrillero.

La declaración evidencia que las Farc sí informó al MMV la cantidad de las caletas, pero también deja claro que esa información solo la reportaron hasta la segunda semana de abril y no el 10 de diciembre de 2016, como quedó establecido en la página 222 del Acuerdo Final.

Los operativos en los que el Ejército destruyó las caletas de Putumayo y Nariño fueron en marzo, es decir, cuando no había información de las caletas farianas.

Al respecto Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, Cerac, explicó a Colombiacheck que desde su punto de vista no hay una violación a los protocolos firmados porque en ninguna parte del Acuerdo Final se estableció sobre las autoridades civiles o militares una limitación de sus funciones constitucionales o legales.

Para Restrepo las operaciones en Putumayo y Nariño no se trataron de acciones hostiles contra las Farc, ni de “una infracción de alguno de los compromisos que tiene la Fuerza Pública en el marco de los acuerdos”, dijo.

¿Y si el Ejército encuentra más caletas?

Ese tema cada día es más espinoso porque una cosa dicen las Farc y otra el Gobierno. Por ahora las Farc ya confesaron que no entregaron la información de las caletas en el tiempo pactado.

El tema de la discordia pasa porque el Gobierno nacional, bajo la representación del ministro de Defensa Luis Carlos Villegas, sostuvo el 7 de mayo en Noticias RCN que aún no habían recibido las coordenadas de las caletas.

“Ni el Ministerio ni la Fuerza Pública tiene todavía ninguna información masiva de Naciones Unidas sobre localización de los llamados depósitos de armas de las Farc”, señaló Villegas, quien agregó que la guerrilla solamente había entregado información de dos caletas.

Respecto al papel del MMV en el enredo de las caletas Restrepo explicó que si las Farc han entregado las coordenadas también habría un retraso por parte del componente internacional por “las responsabilidades que tienen en el marco del Acuerdo”.

Por ahora el propio Villegas manifestó que seguirán buscando hasta que les entreguen los puntos de ubicación de las armas: “Si hay cooperación de las Farc para encontrar armamento que esté en caletas, con mucho gusto yo les reconoceré que esas armas hacen parte del desarme y serán entregadas a Naciones Unidas. Pero si las caletas se encuentran por operaciones de control territorial de las Fuerzas Armadas pues serán incautaciones de armamento ilegal y eso es la política que vamos a aplicar hacia adelante. Ya tenemos un inventario de Naciones Unidas y nos falta ese inventario de las caletas que los jefes de las Farc han dicho que son muy numerosas”, señaló Villegas el pasado 3 de mayo en conferencia de prensa.

En referencia a los retrasos con las caletas Carlos Antonio Lozada señaló que también se debe en parte al incumplimiento del Gobierno en la construcción de las Zonas Veredales.

Sin coordenadas en manos del Ejército seguirá la polémica pues los operativos de la Fuerza Pública continuarán y en ellos puede o no que hallen caletas. Sobre la dejación de las armas Carlos Antonio Lozada en entrevista con revista Semana sostuvo que para el 31 de mayo ya las Farc habrán dejado todas las armas que tienen en los campamentos pero para las caletas solicitó tres meses más. Algo que parece el presidente Santos concederá: “posiblemente les demos el plazo”, manifestó el primer mandatario en RCN Radio.

Lozada también dijo que era necesario el plazo porque algunos de los guerrilleros que ayudarán en el hallazgo y destrucción de las 949 caletas aún no tienen cédula, una tarea que debe resolver el Gobierno. En todo caso, respecto a si las Farc ya entregó o no las coordenadas de las caletas la pelota la tiene el MMV, un componente que en varios casos ha brillado por su silencio, ha si lo contó Colombiacheck en “Los Chicharrones que revisará el Consejo de Seguridad de la ONU”.

Por todo lo anterior Colombiacheck califica la afirmación de Iván Márquez como falsa porque en el momento de la operación del Ejército (en marzo) la mismas Farc ( por medio de Carlos Antonio Lozada) confesaron que aún no habían entregado la información de las caletas pese a haberse comprometido a darla en diciembre de 2016. Además, la Fuerza Pública está legitimada para continuar con sus operaciones de control territorial porque en ninguna parte del acuerdo de La Habana se pactó una limitación en este asunto, explicó el profesor Restrepo.