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Miércoles, 02 Diciembre 2020

Declaraciones de la ‘Coalición Mundial por la Salud y la Vida’ sobre COVID-19 son engañosas

Por Laura Bayer Yepes - RedCheq

Según un audio que circula por WhatsApp, el COVID-19 no es una enfermedad pulmonar, ingresa al cuerpo por los oídos y tiene una capa grasosa que se robustece al consumir alimentos grasos. Pero todas estas afirmaciones son falsas.

En las últimas semanas circuló un mensaje en audio de WhatsApp que asegura “que el COVID no es una enfermedad pulmonar” y que además, repite desinformaciones acerca de la naturaleza y el tratamiento del virus, como que las antenas 5G activarán el virus en las personas contagiadas, que las gárgaras con bicarbonato y limón, o agua y sal marina pueden prevenir el contagio o que la Ivermectina desarticula la enfermedad en su primera fase (afirmaciones que ya hemos verificado y que se pueden leer en los enlaces relacionados). Algunas de estas afirmaciones también fueron compartidas a través de Facebook en una publicación con otro audio que, si bien no es exacto, sí tiene muchas similitudes con el objeto de este chequeo.

El mensaje de WhatsApp fue emitido por una mujer llamada Claudia Cepeda, quien refiere en el audio que es médica de la Universidad Nacional y pertenece a la Coalición Mundial por la Salud y la Vida (Comusav) Colombia, una organización que se dedica a “despertar la conciencia de todas las personas”, como describe su página web. En la página de Facebook de la organización aparece citada como “médica estética”.

Aunque en el audio dice ser estudiante de una especialización en medicina alternativa y manejo de pandemia en Italia, Cepeda le confirmó a Colombiacheck través de una conversación telefónica que en realidad se trata de un diplomado con el mismo nombre realizado aquí en Colombia, en la fundación Universitaria Génesis que tiene convenios con Italia, de la que no encontramos una página web oficial.  

Cepeda aseguró también que la Comusav nació en medio de la pandemia, está presente en 36 países del mundo, son “opositores” a la Organización Mundial de la Salud, OMS, y están liderados por un supuesto médico biofísico llamado Andreas Kalcker, conocido por promover el uso del dióxido de cloro como tratamiento para curar el COVID-19.

Anteriormente, nuestros colegas españoles de Maldita Ciencia, aliados de #CoronaVirusFacts, un esfuerzo global liderado por la International Fact-Checking Network, IFCN, (de la cual Colombiacheck es miembro), para combatir la desinformación al respecto del brote de coronavirus en el mundo; habían calificado como falsas las afirmaciones de Kalcker, pues como también lo explicamos en un chequeo anterior, tanto el clorito de sodio como el dióxido de cloro son ingredientes activos de ciertos desinfectantes, pero no están hechos para que los ingieran las personas. Además, causan quemaduras en la mucosa oral y gastrointestinal.

Volviendo al audio, Colombiacheck encontró en su contenido 20 afirmaciones verificables, de las cuales presentamos a continuación seis que incluyen elementos nuevos acerca de las características del virus que generó la actual pandemia. Las 14 frases restantes del audio que dura 19 minutos, ya han sido verificadas previamente y se encuentran en nuestro especial de Mentiras y Verdades sobre el Coronavirus

Al consultarle a la autora por la evidencia científica de las mismas, no fue citado ningún estudio específico. Y haciendo nuestra propia revisión Colombiacheck encontró que de las frases verificadas, cuatro resultaron falsas y dos cuestionables.

“El COVID no es una enfermedad pulmonar”

Falso

El audio inicia con la afirmación de que el COVID-19 no es una enfermedad pulmonar, sino que se trataría en realidad de una molécula que “armaron intencionalmente, compuesta por cuatro partículas: la peste del SARS, el virus del VIH, el H1N1 y una partícula de tuberculosis”. Esta frase se asemeja a algunas desmentidas anteriormente por Colombiacheck y, por supuesto, es falsa. 

Existe una gran cantidad de evidencia recopilada a lo largo de la pandemia sobre los efectos a nivel pulmonar que causa el nuevo coronavirus. Desde inicios de la pandemia, en febrero, se publicó en la revista Nature, una de las más importantes revistas internacionales de ciencia, un artículo que notificaba el brote de neumonía causado por el nuevo virus en la ciudad de Wuhan, China. La neumonía es la infección e inflamación del pulmón, lo que desde muy temprano ponía en evidencia el daño a nivel pulmonar que hace el que posteriormente se nombró como nuevo coronavirus. 

Hicimos una búsqueda sobre COVID-19 y neumonía en el portal Litcovid, que publica investigaciones de revistas científicas de todo el mundo realizadas durante la pandemia, y encontrando alrededor de 67.000 publicaciones relacionadas con el daño que puede hacer el virus en el pulmón. Es más, aún se siguen publicando investigaciones respecto al compromiso pulmonar causado por el virus como pudimos evidenciarlo en una publicación de la revista The Lancet en la semana del 1 de diciembre de 2020. Por lo cual es completamente falso que el COVID-19 no sea una enfermedad pulmonar.  

Por otra parte, en oposición a lo que señala el audio de la Coalición Mundial por la Salud y la Vida, una investigación publicada en Nature, el 17 de marzo, afirmaba con suficiente sustento científico que “el SARS-CoV-2 no es una construcción de laboratorio ni un virus manipulado a propósito”.

En dicha publicación investigadores de Estados Unidos, Reino Unido y Australia, a la cabeza de Kristian G. Andersen, del Departamento de Inmunología y Microbiología del Instituto de Investigación Scripps, La Jolla, Estados Unidos, concluyeron, después de estudiar el genoma del SARS-Cov-2, que los datos genéticos muestran de manera irrefutable que el nuevo coronavirus no ha sido resultado de manipulación genética ni se deriva de ninguna cepa de virus previamente utilizada en el laboratorio, por su parte, plantean dos teorías sobre el origen natural del virus. Lo que a su vez, nos lleva a deducir que es imposible que el nuevo coronavirus contenga partículas del VIH, H1N1 u otros virus. 

Asimismo, como lo habíamos contado desde marzo en Colombiacheck, tampoco es posible que el virus esté asociado a la tuberculosis, ya que la tuberculosis se genera por una bacteria (Mycobacterium tuberculosis).

Por lo cual concluimos que el COVID-19 sí es una enfermedad con compromiso pulmonar y el nuevo coronavirus no está compuesto por partículas de otros virus.

“La COVID-19 es una enfermedad circulatoria”

Cuestionable

El audio emitido por la miembro de la Comusav, posteriormente, declara que el COVID-19 “es una enfermedad circulatoria porque una vez llega a tu corriente sanguínea lo que hace es un proceso de inflamación en todo tu cuerpo. En el proceso inflamatorio la sangre ‘no se escapa’ y causa trombos”. 

Ambas afirmaciones son imprecisas porque, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud y distintos profesionales de inmunovirología y epidemiología, la COVID-19 es una enfermedad causada por el virus del SARS-CoV-2 que puede afectar tanto al sistema respiratorio como al sistema cardiovascular y otros sistemas. 

“Este virus causa enfermedad inflamatoria y se asienta en diferentes órganos, eso es lo que da una sintomatología que puede causar múltiples complicaciones”, explica la epidemióloga Martha Londoño. “El virus hace posible que se genere un ambiente favorable para la coagulación, que se formen trombos y por tal razón, hay grandes problemas por coágulos pulmonares, cerebrales o en el corazón”, añade Londoño.

Así mismo, Rita Almanza, enfermera epidemióloga y líder de Vigilancia Epidemiológica de la Secretaría de Salud de Medellín, asegura que, en su mayoría, los casos de inflamación por COVID-19 son leves; pero corrobora que puede presentarse una respuesta inflamatoria por parte del organismo afectado y además pueden presentarse trombos. 

La Asociación Colombiana de Cardiología, también reconoce que la incidencia de síntomas cardiovasculares en pacientes con COVID-19 es alta, “en parte debido a la respuesta inflamatoria sistémica, a los trastornos del sistema inmunitario durante la progresión de la enfermedad y a efectos directos sobre el sistema cardiovascular”, dice en un boletín de su página web.

Calificamos entonces la afirmación del audio en relación a que el COVID-19 es una enfermedad circulatoria como cuestionable, porque es una enfermedad de origen infeccioso, producida por el virus SARS-CoV-2 que sí causa un proceso inflamatorio y efectos en múltiples órganos, incluyendo el sistema circulatorio como señalamos previamente, pero no se trata sólo de una enfermedad circulatoria. 

“El virus tiene una capa grasosa y si se consumen alimentos grasos, esta se robustece”

Falso

El audio de WhatsApp prosigue con la descripción de la composición del SARS-Cov-2 asegurando que tiene una capa grasosa que lo recubre y que no se descompone con medicamentos ni con hierbas. Más adelante agrega que las gárgaras de bicarbonato tibio y limón o gárgaras con agua sal marina tibia protegen en un 60 por ciento del contagio del virus, y que “cada vez que comemos grasas y harinas, y harinas refinadas, engrosamos la molécula del COVID. Porque como está forrada en una capa grasosa, se robustece”. 

Si bien se sabe que el nuevo coronavirus es un virus de ARN, es decir tiene en su interior Ácido Ribonucleico, el cual está envuelto por una capa externa de lípidos (o grasas), esto sería lo único cierto de todas esas afirmaciones. 

Múltiples expertos han reafirmado que lo único que desintegra esa capa o envoltura y deja al virus sin posibilidad de infectarnos es lavarse las manos con agua y jabón, no hay evidencia de la protección frente al contagio con gárgaras, o la ingesta de tés o inhalando vapores

La epidemióloga Martha Londoño, de la Secretaría Seccional de Salud de Antioquia, le explicó a Colombiacheck que “el virus vive de la célula humana y no tiene nada que ver con las sustancias que consumamos o dejamos de consumir”.

Tampoco encontramos estudios que sustenten que la envoltura del virus se haga más robusta por la comida que se ingiera, después de revisar en las bases de datos de investigaciones científicas, como Pubmed o Litcovid sobre el consumo de alimentos grasos o harinas (carbohidratos) y el engrosamiento de la envoltura grasa del virus. 

Por lo cual calificamos como falsas las afirmaciones del audio sobre el engrosamiento de la envoltura del virus por las comidas grasas, así como el uso de gárgaras de bicarbonato, limón o sal marina para protegerse del virus. 

“El tapabocas no debe ser lavable sino ‘medicado’”

Cuestionable

La mujer prosigue en el audio indicando que el tapabocas “no es un pañuelo de moda” y que no debe ser lavable, sino medicado, pues este “protege del contagio del virus en un 95 -98 por ciento”. 

Más allá del tipo de tela con el que esté confeccionado o si se trata de material quirúrgico, el efecto del tapabocas consiste en prevenir la forma de transmisión del virus más frecuente: persona a persona, por medio de gotículas de saliva al toser, estornudar o hablar. 

“Una tela gruesa protege más; una muy delgada o que tenga mucho distanciamiento entre sus fibras, más vaporosa, no es una mascarilla buena”, concuerda la epidemióloga Londoño. Sin embargo, aconseja verificar la textura de la tela, aunque sea lavable, pues asegura que lo que se busca con el uso de la mascarilla permanente es evitar la salida del virus hacia el exterior. 

El pasado 9 de junio de 2020, Colombiacheck informó sobre la actualización de la Organización Mundial de la Salud sobre el uso del tapabocas. En ella, la OMS aseguró que “tanto las mascarillas quirúrgicas desechables como las reutilizables de algodón de 12 a 16 capas estuvieron asociadas a la protección de individuos sanos en las casas y entre los contactos de casos”.

Si bien no cualquier tapabocas es útil, como lo describimos en un explicador, según la doctora Rita Almanza Payares, enfermera epidemióloga y líder de Vigilancia Epidemiológica de la Secretaría de Salud de Medellín, un tapabocas reutilizable sí puede ser adecuado si cumple con los siguientes aspectos: 

  • Cubre por completo nariz y boca. 
  • El material de elaboración es tela no tejida, antifluido o de pellón de gramaje medio. 
  • Fue fabricado con tres capas de estas telas.

Si cumple con estas condiciones, el tapabocas de tela puede proteger del virus. Por esta razón, calificamos esta afirmación como cuestionable. 

“El virus también ingresa al cuerpo por los oídos”

Falso

“El virus no solamente entra por la boca y la nariz, ingresa por todas tus mucosas, por los oídos y por los ojos, pero nadie está al cuidado de ponerse unos taponcitos en los oídos”, dice el audio. 

Al respecto, las doctoras Martha Londoño y Rita Almanza coinciden en que el virus ingresa por las mucosas del cuerpo que tienen humedad: boca, nariz y ojos. “No se ha encontrado evidencia científica de que el virus entre por el oído”, aseguran las especialistas en epidemiología. 

Asimismo, el médico Christopher DeFlitch, urgenciólogo del centro médico de Penn State Health, uno de los expertos en realizar pruebas de COVID-19 en Pensilvania, Estados Unidos, publicó un video en YouTube desmintiendo que este virus pueda entrar al cuerpo por tocarse los oídos. 

Igualmente, expertos internacionales en Salud Pública del portal learnaboutcovid19 señalan: “ No es tan probable infectarse con COVID-19 a través del oído como infectarse a través de la nariz, la boca y los ojos. La superficie del conducto auditivo externo se parece más a la piel del resto de nuestro cuerpo, que actúa como una barrera protectora y dificulta la entrada del SARS-CoV-2. Por el contrario, los tejidos que recubren la superficie de la nariz, la boca y los ojos son membranas mucosas (o un revestimiento delgado de células que secretan moco), y permiten más fácilmente la entrada del virus que causa el COVID-19”.

De ese modo, calificamos como falsa esta afirmación del audio de que el nuevo coronavirus entraría por los oídos.

“Tomar bebidas frías hace que el virus mute” 

Falso

“Tomar bebidas frías hace que las moléculas muten”, afirma igualmente el audio refiriéndose al virus. Respecto a esta aseveración, la respuesta de las expertas consultadas por Colombiachek, Londoño y Almanza, es tajante: “No existe evidencia científica de que el consumo de alguna bebida incida en el comportamiento del virus en el cuerpo humano.” 

“El consumo de bebidas calientes o frías o de cualquier otro alimento no altera al virus”, afirma la doctora Londoño. “El virus entra por las mucosas húmedas del organismo como boca, nariz y ojos y se adhiere a la célula humana, ya en el interior, empieza su reproducción. No tiene nada que ver si tomamos una sustancia u otra para matarlo”. 

En Colombiacheck también revisamos nuevamente las bases de datos científicas en búsqueda de algún estudio que relacionara el nuevo coronavirus con las bebidas frías, pero no encontramos ninguna publicación. Por lo tanto esta afirmación la calificamos como falsa. 

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Miércoles, 19 Febrero 2020

El error que apuntó al pangolín como posible transmisor de coronavirus

Por José Felipe Sarmiento

Siempre se supo que faltaba evidencia para confirmar la relación entre el animal y la epidemia de Covid-19 pero, además, los autores hicieron un anuncio equivocado que reconocieron después.

[Actualización 28 de febrero de 2019, 4:00 p.m.]

El pasado 20 de febrero fue publicado el estudio completo de la Universidad Agricultural del Sur de China sobre coronavirus en pangolines. Según el artículo, la coincidencia entre diferentes genes de las muestras de virus tomadas de estos animales y el SARS-CoV-2 (antes llamado 2019-nCoV), la variante responsable de la actual epidemia de Covid-19, varía entre 90,4 y 100 por ciento. Esto es distinto a la similitud general de 99 por ciento que había anunciado la institución tres semanas antes.

El parasitólogo Xiao Lihua, uno de sus autores, le aclaró a la revista científica Nature que este fue “un vergonzoso error de comunicación entre el equipo de bioinformática y el del laboratorio del estudio”, según una nota del pasado 26 de febrero. Esto quiere decir que no hay evidencia para señalar a los pangolines o cualquier otro animal de haberle contagiado a la especie humana el virus que brotó en Wuhan, China, en diciembre pasado.

Esto no se sabía cuando Colombiacheck publicó este chequeo. Por eso agregamos esta actualización y le cambiamos tanto el título, que antes era ‘Pangolín sí podría ser transmisor de coronavirus, pero falta evidencia’, como el sumario, que decía que “una universidad china informó la posibilidad de que ese mamífero sea transmisor de la Covid-19, pero aún se desconocen detalles del estudio y se necesita más investigación”.

Sin embargo, la calificación se mantiene en ‘verdadera pero..’ porque esta es información nueva que la nota revisada tampoco podía tener. Además, siempre se supo que la evidencia no era concluyente por varias razones que contamos aquí y este fue el principal argumento para la asignación.

Finalmente, el artículo científico sí establece que los pangolines tienen “potencial” como huéspedes intermedios entre los murciélagos y los humanos para diferentes tipos de coronavirus. Pero esta es una familia amplia y esto no necesariamente le aplica al tipo particular que ha causado 2.747 muertes en China y 57 más en el resto del mundo en este emergencia, según el reporte más reciente de la Organización Mundial de la Salud.

[Texto original]

Usuarios de Facebook han reportado como posiblemente falsa una nota que señala al pangolín chino, un tipo de mamífero con escamas, como “nuevo posible animal transmisor del coronavirus”. Colombiacheck encontró que es ‘verdadera pero…’ porque faltan detalles sobre la evidencia que apunta en ese sentido.

Nota sobre la relación entre el nuevo coronavirus y el pangolín chino

Según la publicación, estudios científicos recientes indican que el virus SARS-CoV-2 (hasta hace unos días conocido como 2019-nCoV), causante de la epidemia de la enfermedad conocida oficialmente como Covid-2019, habría podido hacer un salto intermedio de los murciélagos, sus huéspedes originales, a los pangolines antes de contagiarse a la especie humana.

La referencia que enlaza es una noticia de un solo párrafo que publicó la agencia estatal china Xinhua en su portal en español. Todo lo que dice el reporte es que “las secuencias genómicas de la nueva cepa del coronavirus separadas de los pangolines resultaron un 99 por ciento idénticas a las de las personas infectadas, lo que indica que estos animales podrían ser un hospedador intermedio del virus, de acuerdo con un estudio”. No da más detalles.

Pero hay una versión más larga. Esta especifica que la investigación fue realizada en la Universidad Agricultural del Sur de China, donde un equipo analizó 1.000 muestras de material genético de animales salvajes para determinar la incidencia de coronavirus en diferentes especies (cabe recordar que se trata de una familia de virus que causan distintas enfermedades, como ya explicó la alianza mundial #DatosCoronavirus, en la que participa Colombiacheck).

Xinhua también cuenta lo que el grupo encontró. Primero, que el betacoronavirus (género taxonómico al que pertenece el patógeno causante de la actual epidemia) tenía una incidencia de 70 por ciento en los pangolines. Segundo, que la cepa que infecta a estos mamíferos corresponde en un 99 por ciento de sus genes a la que se ha presentado en humanos desde mediados de diciembre pasado.

La nota en inglés de la misma agencia da más detalles porque incluye declaraciones de quienes participaron en la investigación. Shen Yongyi aclaró que lo usual es que haya más de una especie “puente” y el pangolín, en este caso, podría ser apenas una de ellas. También advirtió que es necesario seguir investigando cuál fue el recorrido de exacto del virus específico que originó la actual epidemia.

Su colega Feng Yaoyu agregó que los primeros análisis se hicieron con base en cadenas genéticas disponibles en internet y bases de datos, mientras que la comparación final fue con un pangolín vivo. Sin embargo, este individuo no tiene relación con el mercado de Wuhan donde se empezó a esparcir la infección. “Como no analizamos muestras relacionadas con el brote actual, no podemos asegurar que fueron los pangolines los que les transmitieron el virus a los humanos”, concluyó.

Es decir, la evidencia se acerca a esa hipótesis pero no está probada con certeza y otras especies de animales también podrían ser transmisoras, incluso si hubiera evidencia definitiva para relacionar al pangolín. Por eso, los investigadores expresaron en rueda de prensa su intención de compartir su trabajo completo con la comunidad científica mundial. Sin embargo, el resultado todavía no aparece en bases de datos especializadas donde Colombiacheck hizo diferentes búsquedas el 19 de febrero.

Casi dos semanas antes, cuando la universidad publicó el comunicado sobre los hallazgos del equipo liderado por Shen y el parasitólogo veterinario Xiao Lihua, expertos de tres continentes advirtieron en la revista Nature sobre la necesidad de conocer mayores detalles para determinar mejor el alcance de los hallazgos, aunque rescataron que la conclusión general concuerda con datos aportados por otras fuentes. El Science Media Centre (SMC), una organización británica dedicada a la divulgación científica, también publicó respuestas similares de académicos del Reino Unido.

En ambos casos, recordaron el caso de otra enfermedad similar: el síndrome respiratorio agudo y grave (SARS, por su sigla en inglés). Este mal, derivado de otro tipo de coronavirus, también era propio de los murciélagos pero fue contagiado a la especie humana en 2003 por las civetas de las palmas, otro mamífero carnívoro asiático, como huéspedes intermedios. Fue así como se convirtió en epidemia y mató a 800 personas alrededor del mundo, como también relató Nature en 2017.

Por la falta de antecedentes, en ese caso fue mucho más difícil establecer que el origen de la enfermedad estaba en los murciélagos. Las civetas fueron las primeras sospechosas y, finalmente, se concluyó que “desempeñaron un papel importante” en el contagio a humanos, según escribieron el bioquímico chino Linfa Wang, quien fue clave en ese descubrimiento, y Bryan Easton, con quien trabajó en el Laboratorio Australiano de Salud Animal de la Organización Científica e Industrial de la Mancomunidad de Naciones.

Argumentaron que “su alta susceptibilidad al SARS-CoV y su amplia distribución en mercados y restaurantes las hicieron un huésped de amplificación ideal”. Las citas son de ‘Bats, Civets and the Emergence of SARS’ (‘Murciélagos, civetas y el surgimiento del SARS’), su capítulo del libro Wildlife and Emerging Zoonotic Diseases: The Biology, Circumstances and Consequences of Cross-Species Transmission (‘Fauna silvestre y enfermedades zoonóticas emergentes: la biología, circunstancias y consecuencias del contagio entre especies’, Springer, 2007).

No obstante, Wang e Easton también mencionaron otros carnívoros afectados por ese coronavirus que pudieron transmitirlo a las personas: los perros mapaches y los tejones turones chinos. Sobre todo los primeros, que también son comercializados vivos en mercados como el de Wuhan donde comenzó la actual epidemia, aunque en menor medida que las civetas.

Los estudios citados en el texto demostraron desde hace más de 15 años que los animales adquieren las enfermedades y estas se esparcen con mayor facilidad en esos espacios, debido a las múltiples oportunidades para el contacto entre especies. Entre tanto, los individuos de las mismas especies tienden a permanecer sanos cuando están en las granjas o en estado silvestre.

El director científico de la Sociedad Zoológica de Londres, Andrew Cunningham, también le dijo al SMC que “es muy posible que virus relativamente promiscuos puedan saltar de los murciélagos a los pangolines ‒u otras especies– en un mercado mojado [como se les conoce a los que venden animales vivos] u otras situaciones que no son naturales”. Por esta razón, recomendó prohibir ese tipo de espacios y regular cualquier otra forma de comercio con animales.

Es decir que la publicación reportada en Facebook es mayoritariamente verdadera, pero le falta claridad sobre el alcance de la investigación que apunta al pangolín como transmisor del nuevo coronavirus. Por un lado, porque no menciona que el estudio completo todavía es desconocido. Además, porque señala a una especie que podría no ser la única y, sobre todo, que tiende a contagiarse en unas circunstancias específicas, no en su hábitat natural, donde debe ser protegida porque está bajo amenaza.